Y se encontraba donde siempre estuvo, donde acostumbraba a pasar sus horas, o donde simplemente siempre la podías ver, tendida boca arriba sobre el césped verde y recien cortado, con sus jeans rajados por tanto revuelco y subir a los árboles para mirar pájaros, con su polera negra favorita del día, con su guitarra al lado, el pelo despeinado y un pañuelo creciendo de la sien. Allá estaba sin pedir permiso. Sin importar que la miraras, sin querer mirarte.
Tendida ella, mirando las nubes, ese cielo maravilloso al que le solía cantar con su mejor voz.
Con su única voz. Cancion inventada en su alabanza individual. Hartada de los tumultos, prefiriendo arrancar al césped. Esquivando perros, jardineros, era su lugar, el predilecto. Estaba tendida mirando al cielo cuando ocurrió. La invasión, la intromision - la realidad - snob dispuesto a sociabilizar con la freak. No podía disimular sus malas palabras, no fingió desde el principio nada, simplemente no le habló. Nada importaba, no necesito presentarse. Era un flaco, un loco, un snob más rubio de lo que está permitido ser rubio. Ella no quería hablar con el, ella ni le dijo eso y el puso cara de tristeza, más bien, su cara no expreso nada y yo dije tristeza y es porque ella sintió pena por el. Snob inexpresivo intentando establecer una conversación en un perfecto, en un maravilloso día de cielo gris. Eso penso ella, con su polera negra favorita del día.
El sin embargo no desistio, se quedó ahí, la acompaño hasta la última hora, cuando caía la noche, sin decir palabra alguna. ¿De dónde salí yo, para merecerme a el hoy? se repitio en su mente un par de minutos, para distraerse un poco, para intentar olvidar que el estaba ahí. ¿Te gusta mirar el cielo, verdad? Y era más tonto de lo que es permitido serlo. Ocurrió, se puso en pie, cogío su guitarra y se marchó. Se alejó sin decir palabra alguna, de sus ojos rojos brotó un líquido inexplicable. Estaba triste, molesta. ¿Cómo fue capaz de perturbar su silencio? Desde aquel día, desde aquella noche, se dirigía al lugar con su guitarra y un letrero que decía : "Porfavor, no me quites lo único que tengo, no me quites el placer de mirar al cielo en silencio y regalarle una canción"
Que la incoherencia traspase los límites de mi absurda realidad. Aqui simplemente pudes leerme la mente, vomitos filosóficos armonizados con el pensar imaginario de una pequeña alma libre.
jueves, 10 de septiembre de 2009
cuando descubres que ya no es nada tuyo, eso que creias que era.
Cuando toqué a la puerta, abrio una señora desconocida nada parecida a mi abuela, ni a mi nana, creo que la veía por primera vez.
Mis tacones enlodados por la caminata semi extensa por los potreros, mancharon la alfombra blanca y casi eterna que decoraba la habitación.
Cuando subí las escaleras, no podía reconocer los retratos de la pared.
Me fui a mi cuarto, cerre la puerta, implorando privacidad, me tendí en la cama de manta azul, que parecía más azul que de costumbre y en la pared de en frente un collage de fotos con caras nuevas.
Me dí la libertad de fumar sin tacones.
De bajar a la cocina en busca de un vaso de agua - mirar el des/orden - girar la llave y esperar que se llenara con esa sustancia cristalina.
La sed no se calmó por lo tanto pensé en una cerveza, en el refri no había, que extraño pense en voz alta, y el perro negro me ladró con furia.
Traté nuevamente de reconocer ese perro. Negué con la cabeza y me mentí diciendo que no tenía ganas de beber. Caminé por el pasillo un poco chueca por lo disparejo que estaba el piso y la madera nunca había crujido tanto.
Silvé mientras hacía pipí en el baño. Silvé tambien cuando me contemplaba en ese espejo que no era similar al que no había en el baño.
Tosí con el insienso de la pieza de la televisión apagada.
Me deleite mirando el ejercito de figuritas de cerámica que había sobre el ropero, que nosé porque pero no tenía mi ropa.
En el jardín dos gatos peliaban como si fuera agosto. Las plantas estaban olvidadas, como calcetín debajo de la cama.
Conté las ventanas y sumaban aproximandamente once.
Salté de susto cuando el cartero llegó a mis espaldas a entregar un paquete que no esperaba recibir. Que color más gracioso tiene esta casa dije, como por novena vez en mi mente, verde, como rana.
Me tendí en el pasto seco a mirar el cielo que sí estaba como solía estar, o al menos como yo lo recordaba. Majestuoso, inmeso, infinito y azul, como los ojos de la señora que me abrió la puerta.
Cuando volví a entrar, tropecé con los juguetes de algún niño, de un niño que jamás creo haber visto.
Fuí en busca de un papel para anotarlo todo, para escribir más o menos algo como esto, o talvez no. Pero no encontré papel, solo cartas, solo libros, cuentos que nunca nadie me leyó.
¿Qué estaba mal, entonces?
Al rato despues de analizarlo bien, la respuesta salío del florero.
No era mi casa, nada de eso me pertenecía, me regalaba una historia inventada, un suspiro que no existio.
y yo siemplemente me fuí.
Mis tacones enlodados por la caminata semi extensa por los potreros, mancharon la alfombra blanca y casi eterna que decoraba la habitación.
Cuando subí las escaleras, no podía reconocer los retratos de la pared.
Me fui a mi cuarto, cerre la puerta, implorando privacidad, me tendí en la cama de manta azul, que parecía más azul que de costumbre y en la pared de en frente un collage de fotos con caras nuevas.
Me dí la libertad de fumar sin tacones.
De bajar a la cocina en busca de un vaso de agua - mirar el des/orden - girar la llave y esperar que se llenara con esa sustancia cristalina.
La sed no se calmó por lo tanto pensé en una cerveza, en el refri no había, que extraño pense en voz alta, y el perro negro me ladró con furia.
Traté nuevamente de reconocer ese perro. Negué con la cabeza y me mentí diciendo que no tenía ganas de beber. Caminé por el pasillo un poco chueca por lo disparejo que estaba el piso y la madera nunca había crujido tanto.
Silvé mientras hacía pipí en el baño. Silvé tambien cuando me contemplaba en ese espejo que no era similar al que no había en el baño.
Tosí con el insienso de la pieza de la televisión apagada.
Me deleite mirando el ejercito de figuritas de cerámica que había sobre el ropero, que nosé porque pero no tenía mi ropa.
En el jardín dos gatos peliaban como si fuera agosto. Las plantas estaban olvidadas, como calcetín debajo de la cama.
Conté las ventanas y sumaban aproximandamente once.
Salté de susto cuando el cartero llegó a mis espaldas a entregar un paquete que no esperaba recibir. Que color más gracioso tiene esta casa dije, como por novena vez en mi mente, verde, como rana.
Me tendí en el pasto seco a mirar el cielo que sí estaba como solía estar, o al menos como yo lo recordaba. Majestuoso, inmeso, infinito y azul, como los ojos de la señora que me abrió la puerta.
Cuando volví a entrar, tropecé con los juguetes de algún niño, de un niño que jamás creo haber visto.
Fuí en busca de un papel para anotarlo todo, para escribir más o menos algo como esto, o talvez no. Pero no encontré papel, solo cartas, solo libros, cuentos que nunca nadie me leyó.
¿Qué estaba mal, entonces?
Al rato despues de analizarlo bien, la respuesta salío del florero.
No era mi casa, nada de eso me pertenecía, me regalaba una historia inventada, un suspiro que no existio.
y yo siemplemente me fuí.
Este texto no tiene nombre...
A pesar de no verte a diario adivino tu rutina.
Primero luego de una larga noche de juerga te tiendes en tu cama semi vacía que a veces te parece irreconocible, con ese cobertor blanco, con ese cojín burdeo que tu mamá compro en aquella tienda nueva del centro. Después de eso sonríes, sonríes placenteramente largos minutos, imaginas, recuerdas lo bien que lo pasaste con tus amigas, con tus amigos o con tus amantes, y lógico por ningún motivo te acuerdas tu de mi. El sueño te viene cuando también sientes deseos de vomitar, lo haces, te cepillas los dientes y te quitas el vestido que a menudo acostumbras llevar desde que imaginaste que te traía buena suerte. Quedas desnuda para regalarle placer a tu soledad. Sabes que en casa no hay nadie, no es tu estilo cerrar las puertas, las ventanas, las piernas. Te permites una sonrisa más, irradiando satisfacción tardía, esa que no eres capaz de expresar delante de nadie. Abres la cama, miras las sabanas, siempre iguales, nunca diferentes, sabanas con flores, con animales, círculos de colores. Esa sabana infantil que logras hacer encantadora. Te quitas los tacones y te sientas sobre la cama. Miras tus pies, los contemplas unos minutos, varios minutos, producto de una que otra droga que haz consumido en la noche que no te deja pensar libre. Estas contenta, princesa. Desatas tu cabello, retiras de tu cuello aquella cadena de plata que te regale en marzo, y que llevas puesta cada día. Te metes dentro de la cama, entre las sabanas de dibujos, besas la almohada, tapas tu espalda, tu cuerpo desnudo cansado de tanto baile, de tanto ajetreo, de tanto subir a coches, de tanto sexo. Cierras los ojos, intentas distraer el malestar físico, el dolor de cabeza, las ganas de volver a vomitar. Caes en el trance del sueño, duermes, sueñas con flores. Sueñas que estas soñando un sueño con flores. Al medio día, horas más tarde, el sol cae por la ventana izquierda. Olvidaste una vez más cerrar las cortinas, te levantas molesta por despertar de aquella forma, te acercas a la ventana y notas como el vecino de enfrente mira, como desnuda intentas cubrirte con la cortina. Hasta le gritas un par de palabras. Te acuestas otra vez, miras tu velador, mi foto ya no esta sobre el. Miras el cenicero, lleno, repleto de ceniza, de colillas de cigarro. Tu no fumas, tu no fumas en la mañana. Piensas en tu padre, en tu padre que no sabes donde está, que fumaba mucho y por la mañana decía no fumar más. Recoges la cartera que cuelga de la puerta que también olvidaste apropósito cerrar, buscas tu billetera, examinas que no te falte nada, tomas aquel espejo que guardas en el bolsillo de atrás, observas tus ojos, rojos. Comprendes entonces que mientras soñabas, que mientras soñabas ese sueño, ese sueño de flores, de tus ojos caían lágrimas de inmundicia. Te deprimes, sacas el celular, marcas el número del trabajo de tu mamá, le preguntas si vendrá esta noche. Cuelgas, lloras, sabes que no vendrá, que no te quiere ver más. Rayas la pared, fumas al compás de nuestra canción, te ríes en voz alta, gritas, saltas. Bajas. Enciendes un incienso en el baño, esperas que se llene la bañera y luego te sumerges. Te relajas, analizas una y otra vez la situación: encontrarte sola, podrida y sola. No le haces caso al teléfono que esta sonando cada dos minutos desde que terminaste de decirle a tu mamá que la amas a pesar de que te odie. Llenas de jabón tus faltas de afecto, tus faltas de educación. Tus enfermizas ganas de volver al colegio. Tus enfermizas ganas de que alguna de tus amigas tuviera el libertinaje que tienes a tus pies. Empapas la toalla azul con tus penas, con tu cuerpo. Luces muy bien así, con el cabello suelto y mojado, con tu dreadlock goteando. Te miras al espejo y admiras tu cuerpo marchito, intentas acordarte de cómo te hiciste esos moretones debajo de tus pechos. Yo se como te los hiciste, fue cuando bailaste ebria sobre la barra, y te caíste golpeando tus costillas con uno de esos pisos en los que no te sentabas. Cuando en ambulancia saliste del bar. Intoxicada de tanta mierda que fuiste capaz de meterte dentro. Delicadamente te untas con las cremas que encontraste en el cajón, primero el brazo derecho, luego el izquierdo, tu tatuaje detrás de la oreja, en fin, cuerpo completo. Caminas nuevamente a tu cuarto, el aire está pesado, abres la ventana y el grito es ahora de parte de la esposa del vecino. Miras el cuadro que te pinté en navidad y recoges las prendas que te quitaste anoche. Las pones sobre la mesa y en silencio piensas cómo fuiste capaz de vestir así. De la cómoda extraes la vestimenta colorida del día. Escoges una mini falda que no deja nada a la imaginación, una de aquellas poleras escotadas que a tu hermana no le gusta, sin ropa interior, por supuesto. Vacías la cartera, cuentas los billetes, sacas la mitad, y los introduces uno a uno en la alcancía de Bob esponja que tu tía le trajo a tu hermano de España. Cojes la cadena y te la cuelgas. Debajo de la cama te encuentras con los tacones negros que te hacían ver más que alta, inalcanzable. Con las llaves en mano sales de la casa fumando nuevamente. Te subes al auto, enciendes el motor y con el espejo retrovisor delineas tus ojos. Llegarás tarde, lo sabes pero nunca te importa.
No llegarás tarde, no lo sabes, pero no importa. Manejas a gran velocidad por la carretera. Haces carreras con automovilistas y saludas a los camioneros. Cantas con tu mejor voz una canción que no te sabes de Ramones, con ese spanglish que deleita a cualquiera. Cambias la canción : Kozmic Blues de Janis Joplin te cambia el día. Ahora conduces moderadamente, viras a la izquierda. Doblas, pasas un semáforo en rojo. Continúas tu travesía con ganas de llegar cada vez más pronto. Tocas la bocina al primero que te haga esperar más de medio minuto. Cantas, gritas y vuelves a cantar. Estacionas el auto sin fijarte siquiera. Bajas de el, y con una suerte increíble te topas con algún conocido que se acerca a saludarte y a saber como estas. Porque anoche estuviste magnifica te informas. Recorres el camino de todos los días. Compras las flores de todos los días, preguntas por las de tus sueños y aun no llegan al país, aun no existen, pero aun preguntas. Te diriges a la tumba de tu hija, te derrumbas otra vez. Te quedas en la misma posición con la que aterrizaste casi sobre la lapida. Es el dolor que aun no logras sanar. Le cantas tu última canción. Le prometes por octava vez que lo vas a dejar todo, que lo vas a cambiar todo. Miras la fotografía que guardas en la cartera. Su foto juntas, musas del poema más bonito. Preguntas como fue posible que te ocurriera eso. Le dices que la amas y que volverás mañana. Llega uno de los guardias del cementerio para decirte que ya van a cerrar. Le dices lo de todos los días, el responde lo de todos los días. Sales tambaleando del lugar. Te subes al auto y no te detienes hasta llegar al bar, saludas al barman de beso en la cara. Le pides el trago de cada tarde: Un tequila -por cada duda-, enciendes el cigarrillo, bebes de un sorbo, pagas la cuenta y te subes otra vez al Peugeot. Llamas por teléfono a Mónica, la recoges del colegio, le regalas un cigarro y le pides que te cuente que es lo ultimo que supo de mí. Te haces la indiferente y la llevas a su casa. Saludas a los tíos, juegas con el gato, te rasguña la mano. Ries de buena gana con las cosas que dispara tu amiga. Miras el reloj que detestas y sabes que es la hora de verme. Te despides, besas inclusive al gato. Y te vienes. Conversamos nuestra hora cronometrada, no nos salimos del tema principal, no hablamos de nosotros. Solo de ti. Luego, te retiras de la consulta pidiéndole porfavor a mi secretaria que cambie la hora del viernes, porque planeas viajar a Santiago.
Vuelves a poner ese aparato sobre tu oído. Hablas con tu jefe que por una razón no muy desconocida te pide que llegues antes al trabajo.
Sacas el vestido rojo de la maletera, te acercas haciéndote la inocente y aceptas las peticiones de tu jefe. Te manda, te domina y no te lo crees.
Paga con droga, paga con dinero. El escenario es para ti. Las luces te hacen ver exclusivamente más hermosa que cualquier otra fémina del bar.
Cantas ese tema que envuelve y hace sentir especial inclusive al ser más frío de la tierra. Cumples tu trabajo y te marchas. Con el mismo vestido, la misma cartera y con un nuevo desconocido te diriges a algún cuarto de hotel, o alguna discoteque. No te cansas de amar, de bailar, hasta más o menos las cuatro de la madrugada. Donde te invaden esas malditas ganas de tomar café. Es el fin de la cita, es el término de aquel cuento en donde por supuesto eras la reina. Pides que te lleve a recoger tu auto. Conduces hasta tu casa. Abres la puerta en silencio, para no despertar a nadie. Entonces recuerdas que estás sola. Te diriges a tu habitación, y todo comienza y termina otra vez.
A pesar de saberte tan compartida, tan destruida e indiferente, no me canso de escucharte...
Primero luego de una larga noche de juerga te tiendes en tu cama semi vacía que a veces te parece irreconocible, con ese cobertor blanco, con ese cojín burdeo que tu mamá compro en aquella tienda nueva del centro. Después de eso sonríes, sonríes placenteramente largos minutos, imaginas, recuerdas lo bien que lo pasaste con tus amigas, con tus amigos o con tus amantes, y lógico por ningún motivo te acuerdas tu de mi. El sueño te viene cuando también sientes deseos de vomitar, lo haces, te cepillas los dientes y te quitas el vestido que a menudo acostumbras llevar desde que imaginaste que te traía buena suerte. Quedas desnuda para regalarle placer a tu soledad. Sabes que en casa no hay nadie, no es tu estilo cerrar las puertas, las ventanas, las piernas. Te permites una sonrisa más, irradiando satisfacción tardía, esa que no eres capaz de expresar delante de nadie. Abres la cama, miras las sabanas, siempre iguales, nunca diferentes, sabanas con flores, con animales, círculos de colores. Esa sabana infantil que logras hacer encantadora. Te quitas los tacones y te sientas sobre la cama. Miras tus pies, los contemplas unos minutos, varios minutos, producto de una que otra droga que haz consumido en la noche que no te deja pensar libre. Estas contenta, princesa. Desatas tu cabello, retiras de tu cuello aquella cadena de plata que te regale en marzo, y que llevas puesta cada día. Te metes dentro de la cama, entre las sabanas de dibujos, besas la almohada, tapas tu espalda, tu cuerpo desnudo cansado de tanto baile, de tanto ajetreo, de tanto subir a coches, de tanto sexo. Cierras los ojos, intentas distraer el malestar físico, el dolor de cabeza, las ganas de volver a vomitar. Caes en el trance del sueño, duermes, sueñas con flores. Sueñas que estas soñando un sueño con flores. Al medio día, horas más tarde, el sol cae por la ventana izquierda. Olvidaste una vez más cerrar las cortinas, te levantas molesta por despertar de aquella forma, te acercas a la ventana y notas como el vecino de enfrente mira, como desnuda intentas cubrirte con la cortina. Hasta le gritas un par de palabras. Te acuestas otra vez, miras tu velador, mi foto ya no esta sobre el. Miras el cenicero, lleno, repleto de ceniza, de colillas de cigarro. Tu no fumas, tu no fumas en la mañana. Piensas en tu padre, en tu padre que no sabes donde está, que fumaba mucho y por la mañana decía no fumar más. Recoges la cartera que cuelga de la puerta que también olvidaste apropósito cerrar, buscas tu billetera, examinas que no te falte nada, tomas aquel espejo que guardas en el bolsillo de atrás, observas tus ojos, rojos. Comprendes entonces que mientras soñabas, que mientras soñabas ese sueño, ese sueño de flores, de tus ojos caían lágrimas de inmundicia. Te deprimes, sacas el celular, marcas el número del trabajo de tu mamá, le preguntas si vendrá esta noche. Cuelgas, lloras, sabes que no vendrá, que no te quiere ver más. Rayas la pared, fumas al compás de nuestra canción, te ríes en voz alta, gritas, saltas. Bajas. Enciendes un incienso en el baño, esperas que se llene la bañera y luego te sumerges. Te relajas, analizas una y otra vez la situación: encontrarte sola, podrida y sola. No le haces caso al teléfono que esta sonando cada dos minutos desde que terminaste de decirle a tu mamá que la amas a pesar de que te odie. Llenas de jabón tus faltas de afecto, tus faltas de educación. Tus enfermizas ganas de volver al colegio. Tus enfermizas ganas de que alguna de tus amigas tuviera el libertinaje que tienes a tus pies. Empapas la toalla azul con tus penas, con tu cuerpo. Luces muy bien así, con el cabello suelto y mojado, con tu dreadlock goteando. Te miras al espejo y admiras tu cuerpo marchito, intentas acordarte de cómo te hiciste esos moretones debajo de tus pechos. Yo se como te los hiciste, fue cuando bailaste ebria sobre la barra, y te caíste golpeando tus costillas con uno de esos pisos en los que no te sentabas. Cuando en ambulancia saliste del bar. Intoxicada de tanta mierda que fuiste capaz de meterte dentro. Delicadamente te untas con las cremas que encontraste en el cajón, primero el brazo derecho, luego el izquierdo, tu tatuaje detrás de la oreja, en fin, cuerpo completo. Caminas nuevamente a tu cuarto, el aire está pesado, abres la ventana y el grito es ahora de parte de la esposa del vecino. Miras el cuadro que te pinté en navidad y recoges las prendas que te quitaste anoche. Las pones sobre la mesa y en silencio piensas cómo fuiste capaz de vestir así. De la cómoda extraes la vestimenta colorida del día. Escoges una mini falda que no deja nada a la imaginación, una de aquellas poleras escotadas que a tu hermana no le gusta, sin ropa interior, por supuesto. Vacías la cartera, cuentas los billetes, sacas la mitad, y los introduces uno a uno en la alcancía de Bob esponja que tu tía le trajo a tu hermano de España. Cojes la cadena y te la cuelgas. Debajo de la cama te encuentras con los tacones negros que te hacían ver más que alta, inalcanzable. Con las llaves en mano sales de la casa fumando nuevamente. Te subes al auto, enciendes el motor y con el espejo retrovisor delineas tus ojos. Llegarás tarde, lo sabes pero nunca te importa.
No llegarás tarde, no lo sabes, pero no importa. Manejas a gran velocidad por la carretera. Haces carreras con automovilistas y saludas a los camioneros. Cantas con tu mejor voz una canción que no te sabes de Ramones, con ese spanglish que deleita a cualquiera. Cambias la canción : Kozmic Blues de Janis Joplin te cambia el día. Ahora conduces moderadamente, viras a la izquierda. Doblas, pasas un semáforo en rojo. Continúas tu travesía con ganas de llegar cada vez más pronto. Tocas la bocina al primero que te haga esperar más de medio minuto. Cantas, gritas y vuelves a cantar. Estacionas el auto sin fijarte siquiera. Bajas de el, y con una suerte increíble te topas con algún conocido que se acerca a saludarte y a saber como estas. Porque anoche estuviste magnifica te informas. Recorres el camino de todos los días. Compras las flores de todos los días, preguntas por las de tus sueños y aun no llegan al país, aun no existen, pero aun preguntas. Te diriges a la tumba de tu hija, te derrumbas otra vez. Te quedas en la misma posición con la que aterrizaste casi sobre la lapida. Es el dolor que aun no logras sanar. Le cantas tu última canción. Le prometes por octava vez que lo vas a dejar todo, que lo vas a cambiar todo. Miras la fotografía que guardas en la cartera. Su foto juntas, musas del poema más bonito. Preguntas como fue posible que te ocurriera eso. Le dices que la amas y que volverás mañana. Llega uno de los guardias del cementerio para decirte que ya van a cerrar. Le dices lo de todos los días, el responde lo de todos los días. Sales tambaleando del lugar. Te subes al auto y no te detienes hasta llegar al bar, saludas al barman de beso en la cara. Le pides el trago de cada tarde: Un tequila -por cada duda-, enciendes el cigarrillo, bebes de un sorbo, pagas la cuenta y te subes otra vez al Peugeot. Llamas por teléfono a Mónica, la recoges del colegio, le regalas un cigarro y le pides que te cuente que es lo ultimo que supo de mí. Te haces la indiferente y la llevas a su casa. Saludas a los tíos, juegas con el gato, te rasguña la mano. Ries de buena gana con las cosas que dispara tu amiga. Miras el reloj que detestas y sabes que es la hora de verme. Te despides, besas inclusive al gato. Y te vienes. Conversamos nuestra hora cronometrada, no nos salimos del tema principal, no hablamos de nosotros. Solo de ti. Luego, te retiras de la consulta pidiéndole porfavor a mi secretaria que cambie la hora del viernes, porque planeas viajar a Santiago.
Vuelves a poner ese aparato sobre tu oído. Hablas con tu jefe que por una razón no muy desconocida te pide que llegues antes al trabajo.
Sacas el vestido rojo de la maletera, te acercas haciéndote la inocente y aceptas las peticiones de tu jefe. Te manda, te domina y no te lo crees.
Paga con droga, paga con dinero. El escenario es para ti. Las luces te hacen ver exclusivamente más hermosa que cualquier otra fémina del bar.
Cantas ese tema que envuelve y hace sentir especial inclusive al ser más frío de la tierra. Cumples tu trabajo y te marchas. Con el mismo vestido, la misma cartera y con un nuevo desconocido te diriges a algún cuarto de hotel, o alguna discoteque. No te cansas de amar, de bailar, hasta más o menos las cuatro de la madrugada. Donde te invaden esas malditas ganas de tomar café. Es el fin de la cita, es el término de aquel cuento en donde por supuesto eras la reina. Pides que te lleve a recoger tu auto. Conduces hasta tu casa. Abres la puerta en silencio, para no despertar a nadie. Entonces recuerdas que estás sola. Te diriges a tu habitación, y todo comienza y termina otra vez.
A pesar de saberte tan compartida, tan destruida e indiferente, no me canso de escucharte...
Rosario de penas
Es dificil hablar con alguien cuando uno tiene pena. Como que la escondo, como que la reprimo, la meto para adentro, la almaceno por ahí, me hago la loca, la que se me olvida, o que no me importa y dale que va hablandole a alguien, que la hueá de la hueá.
Siempre hay alguien que no sabe que tienes pena. O aveces tambien hay alguienes que leen los ojos, como que cachan lo que uno siente, casi como lo que estás pensando, y te dicen : ¿Estuviste llorando? o ¿Qué te pasa? es bonito.
Es bonito que pregunten, aunque sea por cortesía. A mi no me gusta tener pena, pero como 'todo es inevitable' igual me visita y me inunda la casa. Es dificil escribir cuando uno tiene pena. Como que quieres poner porque, el motivo, razón o la huá de la hueá.
Pero no puedes, no sabes, no lo inventas. La pena existe ahora y no la puedo extinguir. Igual sola no se da cuenta nadie de la pena solamente yo y me ahoga cuatico. Es caotico eso, estar con pena, sola sabiendo que tienes pena y que sola no se te va a quitar de la nada, pero puedes dormir. Aunque cuesta dormir cuando uno tiene pena, cierras los ojos y la mente como que se te vuela para el lado del motivo por el que tienes pena y fome. No se puede dormir con pena, pero igual puedes bailar con pena o hacer tu vida con pena.
Hay que querer tener pena, a la pena hay que respetarla.
Pero si es tristeza ya es distinto, pero dentro de lo mismo, mejor hacerse la con pena antes que la triste, se parece te digo, pero no es igual. Cambia la palabra y cambia el motivo.
- Estoy triste.
- Yo no, pero tengo pena.
¿Ven? Así que no importa, me quedo piola, me quedo en mute, aislando la pena e intentando sacar a flote una de esas viejas amigas, algo asi como esas que rara vez llaman por telefono pero igual se quieren, a mi amiga risa,para que le pegue un feroz puñete a la pena y supersonicamente se siente en el trono de mi mente ocupandolo todo. La risa gobernante sobre las penas marchitas, cae la hoja en otoño, que en invierno se va por el agua, en primavera renace y esa misma hoja en verano me tapa el sol.
Así eras tú y así era yo.
Tu mi risa, mi risa infinita e inagotable, y porsupuesto yo la pena más grande que alguna vez pudiste sentir.
Siempre hay alguien que no sabe que tienes pena. O aveces tambien hay alguienes que leen los ojos, como que cachan lo que uno siente, casi como lo que estás pensando, y te dicen : ¿Estuviste llorando? o ¿Qué te pasa? es bonito.
Es bonito que pregunten, aunque sea por cortesía. A mi no me gusta tener pena, pero como 'todo es inevitable' igual me visita y me inunda la casa. Es dificil escribir cuando uno tiene pena. Como que quieres poner porque, el motivo, razón o la huá de la hueá.
Pero no puedes, no sabes, no lo inventas. La pena existe ahora y no la puedo extinguir. Igual sola no se da cuenta nadie de la pena solamente yo y me ahoga cuatico. Es caotico eso, estar con pena, sola sabiendo que tienes pena y que sola no se te va a quitar de la nada, pero puedes dormir. Aunque cuesta dormir cuando uno tiene pena, cierras los ojos y la mente como que se te vuela para el lado del motivo por el que tienes pena y fome. No se puede dormir con pena, pero igual puedes bailar con pena o hacer tu vida con pena.
Hay que querer tener pena, a la pena hay que respetarla.
Pero si es tristeza ya es distinto, pero dentro de lo mismo, mejor hacerse la con pena antes que la triste, se parece te digo, pero no es igual. Cambia la palabra y cambia el motivo.
- Estoy triste.
- Yo no, pero tengo pena.
¿Ven? Así que no importa, me quedo piola, me quedo en mute, aislando la pena e intentando sacar a flote una de esas viejas amigas, algo asi como esas que rara vez llaman por telefono pero igual se quieren, a mi amiga risa,para que le pegue un feroz puñete a la pena y supersonicamente se siente en el trono de mi mente ocupandolo todo. La risa gobernante sobre las penas marchitas, cae la hoja en otoño, que en invierno se va por el agua, en primavera renace y esa misma hoja en verano me tapa el sol.
Así eras tú y así era yo.
Tu mi risa, mi risa infinita e inagotable, y porsupuesto yo la pena más grande que alguna vez pudiste sentir.
Ojos rojos.
Tengo el pelo tan mojado, y los ojos tan rojos que no entenderias la situacion, pero no hay y por eso no importa. No existe tal situacion, y prometo solemnemente que no estoy drogada, borracha ni nada por el estilo, estoy soltando al aire un monton de letras que unidas son palabras (algunas mal escritas) y juntando mas y mas hacen un estupido texto sin sentido, como este pero lo que mas me gusta es escribir asi que voy a incoherenciarme entera y si no existe esa palabra o esta mal dicha la invento ¿y que tiene? algunos dias es entretenido hacer esto, hablarle a nadie pensando que quiza alguien te va a escuchar, como cuando vas caminando y pensando en la calle, armando una historia, hablando contigo, con tu amigo imaginario o que se yo entonces en la acera de enfrente alguien camina en silencio como tu y ahi es cuando tu imaginas lo que el esta imaginando e inclusive piensas como el esta pensando en lo que piensas tu. A mi me gusta hacer eso, o hablarle a los perros y a los animales es lo mas choro del mundo, o saludar a la gente que no te conoce, claro que no a todos, a los que yo quiero nomás. Y no siempre tampoco porque hay dias de mucha amistad y otros dias de enemigos mortales como que ando antisocial y todo a la mierda y nose que más.. pero no, otros dias felices y tiernos, de escribir sentada en una plazita en donde algunos se besan otros se drogan o escriben mientras besan al que se está drogando. - no hablaba de mi - igual saben que es lo peor de esto es que no lo voy a querer leer y no voy a terminar sabiando si carecia completamente de sentido o que cosa, deberia estar estudiando o nose qué. Pero me dio la hueá, esto de andar con el pelo mojado, con los ojos rojos te hace salir del margen aunque no tengo margen, asi que me considero retrato que nadie colgo nunca en ninguna pared y por lo tanto no creo que me caiga, ahora si me caigo, da lo mismo si no estoy tan lejos del suelo, si me cayera entonces al-re-ves (aguda) seria bien heavy y hasta como astronauta porque pasaria por las capas de ozono esa que se destruye porque uno fuma y es estufa a leña con dioxidos de nose que que rajan esa capa que se me hace como una sabana pero enorme y harto fea pero gruesa que con una cartonera el humo la raja y la tajea como para robarle joyas que como que serian las esctrellas y eso de las 'estrellas fugases' del deseo y nose que más es un puro escupo de dios. Estoy segura que an alguna parte de la biblia ese libro tan famoso que casi nadie lo lee entero porque se cacha que es bastante falso y la cuestion debe decir que dios escupe estrellas y que además es mujer. Yo no quiero tener el pelo seco ni los ojos no rojos o probablemente no podria escribir algo como esto en este momento.
Un sí para un día gris
En la pantalla se dibuja el sombrero de tu amigo, la caricatura de sus chismes, el cuentito del nosé.
Todavia no conosco a ningun famoso, que por su 'fama' no se apegue a la humildad.
Aun nose hacer cuentos y las peliculas de Disney nose porque pero no me gustan - prefiero nickelodeon - sigo escribiendo y armando malos poemas, discursos incoherentes a donde quiera que vaya y me acompañen mis pies.
El día es más bonito sabiendo que no sabes nada.
Contar las ventanas desde mi ventana más que hobbie podria resultar deporte, y si me esfuerzo, el café podria considerarlo una droga inmortal.
Vivan los renacuajos - las culebras - las lechuzas, mi abuela, el vecino y el cartero.
Felicidades preciosos bichos de colores :) afuera el grillo canta en el oido de tu perro.
Anda y compra el gusano de tebo. No te pica un zancudo si caminas normal. Para aprender a bailar no hace falta ser inteligente.
Y si contamos nuestros pasos de seguro superan nuestros años, y los que podemos vivir.
Me intimida pensar en que pasara cuando me salga mi primera cana, creo que saldre disparada, volare por la ventana y el poder de mi pelo cambiara dramaticamente ...
Me encantaria saber tocar la guitarra, asi malgastaria tu mirada en un nucleo de musica y locura.
Domina tu enojo y regalale un escupo al odio. Un niño en alguna parte del mundo está perdido en algun supermercado.
Si se te cayó alguna vez una flor es porque no sabes usar flores por tí.
Terrible seria un mal recuerdo de la primera vez que lees esto.
Y no se trata de sexo o mensaje subliminal... tecleo y pienso al mismo tiempo y enloquesco masticando el chicle que ya no tiene sabor.
Humano insípido brinca sobre la multitud.
Apaga la velita de tu cumpleaños, bajate las medias y vuelve al ser natural.
Migajas de queque de manzana - la manzana sin sus pepas, a la derecha - y yo.
Todavia no conosco a ningun famoso, que por su 'fama' no se apegue a la humildad.
Aun nose hacer cuentos y las peliculas de Disney nose porque pero no me gustan - prefiero nickelodeon - sigo escribiendo y armando malos poemas, discursos incoherentes a donde quiera que vaya y me acompañen mis pies.
El día es más bonito sabiendo que no sabes nada.
Contar las ventanas desde mi ventana más que hobbie podria resultar deporte, y si me esfuerzo, el café podria considerarlo una droga inmortal.
Vivan los renacuajos - las culebras - las lechuzas, mi abuela, el vecino y el cartero.
Felicidades preciosos bichos de colores :) afuera el grillo canta en el oido de tu perro.
Anda y compra el gusano de tebo. No te pica un zancudo si caminas normal. Para aprender a bailar no hace falta ser inteligente.
Y si contamos nuestros pasos de seguro superan nuestros años, y los que podemos vivir.
Me intimida pensar en que pasara cuando me salga mi primera cana, creo que saldre disparada, volare por la ventana y el poder de mi pelo cambiara dramaticamente ...
Me encantaria saber tocar la guitarra, asi malgastaria tu mirada en un nucleo de musica y locura.
Domina tu enojo y regalale un escupo al odio. Un niño en alguna parte del mundo está perdido en algun supermercado.
Si se te cayó alguna vez una flor es porque no sabes usar flores por tí.
Terrible seria un mal recuerdo de la primera vez que lees esto.
Y no se trata de sexo o mensaje subliminal... tecleo y pienso al mismo tiempo y enloquesco masticando el chicle que ya no tiene sabor.
Humano insípido brinca sobre la multitud.
Apaga la velita de tu cumpleaños, bajate las medias y vuelve al ser natural.
Migajas de queque de manzana - la manzana sin sus pepas, a la derecha - y yo.
Al desconocido que llego a pintar sonrisas.
Son tus ojitos bonitos queriendo existir ahí dentro.
Son tus ojitos cariño, el agua para mis tierras, el sol para llevarse el frio que me envuelve sin tener tu presencia.
Tu flaco, en cuerpo y alma, enlazandome con tus abrazos, unidos perfectamente unidos, como al principio en nuestra creacion.
Te miro y no me harto de ti, te miro y quiero gritar tu nombre para que tu tambien me mires.
Mirarte horas, en silencio si es preciso, regalarte todo, entregarme por completa si quieres, lo que quieras ojitos bonitos, lo voy a hacer para que seas feliz.
Brillas como ayer, brillas para mi y recorres caminos utópicos en mis sueños más dulces, más locos y desteñidos ... tus pasos lentos, tus indescriptibles muecas al despertar, son las que algun dia quisiera fotografiar, plasmar en papel, en cancion, en grito, en poesía. Que tus palabras no cayen y me deleiten día a día. Y tus manitos que recorran mis vestidos más cortos, que no te importe que de mi boca puedan salir tantas cosas, que no le temas a jugar, a arrodillarte a los pies de la vida, de la tierra, a disfrutar conmigo de este nuevo mundo que estoy construyendo amor.
Porque amor es lo que menos va a faltar.
Te regalo los colores existentes y creare más si lo pides, te regalo mil emociones en cada beso que prometo dar. No pido nada a cambio, solo lealtad, solo compañia, tu incondicionalidad.
Flaquito, caminemos juntos y aprenderemos tambien a volar.
Tu confia mucho en mi enseñanza, yo tambien confiaré en tu aprendizaje.
Precioso de las palabras precisas, precioso de lo desconocido... te quiero conmigo, hoy.
Mañana bajo las estrellas, y pasado al amanecer.
Fueron tus gestos que no vi los que me hacen enloquecer de amor.
Son las cartas que no me escribes lo que realmente me conquista.
Dame un respiro, una señal de que no me equivoco.
Son tus ojitos cariño, el agua para mis tierras, el sol para llevarse el frio que me envuelve sin tener tu presencia.
Tu flaco, en cuerpo y alma, enlazandome con tus abrazos, unidos perfectamente unidos, como al principio en nuestra creacion.
Te miro y no me harto de ti, te miro y quiero gritar tu nombre para que tu tambien me mires.
Mirarte horas, en silencio si es preciso, regalarte todo, entregarme por completa si quieres, lo que quieras ojitos bonitos, lo voy a hacer para que seas feliz.
Brillas como ayer, brillas para mi y recorres caminos utópicos en mis sueños más dulces, más locos y desteñidos ... tus pasos lentos, tus indescriptibles muecas al despertar, son las que algun dia quisiera fotografiar, plasmar en papel, en cancion, en grito, en poesía. Que tus palabras no cayen y me deleiten día a día. Y tus manitos que recorran mis vestidos más cortos, que no te importe que de mi boca puedan salir tantas cosas, que no le temas a jugar, a arrodillarte a los pies de la vida, de la tierra, a disfrutar conmigo de este nuevo mundo que estoy construyendo amor.
Porque amor es lo que menos va a faltar.
Te regalo los colores existentes y creare más si lo pides, te regalo mil emociones en cada beso que prometo dar. No pido nada a cambio, solo lealtad, solo compañia, tu incondicionalidad.
Flaquito, caminemos juntos y aprenderemos tambien a volar.
Tu confia mucho en mi enseñanza, yo tambien confiaré en tu aprendizaje.
Precioso de las palabras precisas, precioso de lo desconocido... te quiero conmigo, hoy.
Mañana bajo las estrellas, y pasado al amanecer.
Fueron tus gestos que no vi los que me hacen enloquecer de amor.
Son las cartas que no me escribes lo que realmente me conquista.
Dame un respiro, una señal de que no me equivoco.
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Sin peligros ni excesos de realidades
aca me encuentro, sin compañias 'ideales' enbichandome las ideas diariamente para dejar que mi luz salga, que mi esencia vuelva a su brillo silencioso y ruidoso a la vez..
complementando mis microcosmos y minusculos mundos desterrados de galaxias modernas.
Reencontrandome en rutas inventadas y sueños comunes. comunes? quizá anormales (...)
Estoy tranquila.
sigo esperando las charlas inconclusas de los desbordadores de locura.
aca me encuentro, sin compañias 'ideales' enbichandome las ideas diariamente para dejar que mi luz salga, que mi esencia vuelva a su brillo silencioso y ruidoso a la vez..
complementando mis microcosmos y minusculos mundos desterrados de galaxias modernas.
Reencontrandome en rutas inventadas y sueños comunes. comunes? quizá anormales (...)
Estoy tranquila.
sigo esperando las charlas inconclusas de los desbordadores de locura.
No prendió su cigarro ella.
Ella pensaba en el.
Tenía más motivos para sonreir.
Ragalaba esa sonrisa al mundo.
